Es el Nokia 3310 un nombre que desempolva recuerdos. Y eso es un poder que sólo los grandes tienen.

Ésta creo que no es una simple noticia. No. Es la constatación de que la paciencia tiene recompensa, tiene respuesta. Y de que ha ganado el sentido común.

¡Qué buena es la tecnología y qué buena la innovación! Y… ¡qué magnífico es reconocer los triunfos y conservarlos!

El mundo gira, no para, y es estupendo que todo evolucione y mejore. De hecho, por eso hemos llegado al siglo XXI con casas en vez de cuevas, y con teléfono en vez de señales de humo. Pero… ¿por qué dejar atrás aquello que funcionó abriendo la brecha por la que hemos llegado a donde hoy estamos? Sobre todo cuando es algo añorado y reclamado por muchas personas que, sin querer que se detenga el mundo para los demás, simplemente agradecerían que no se les obligara a vivir en un mundo hostil (más hostil), a dar un salto para el que no están preparados y que les complica absurdamente la vida más que hacérsela fácil y apetecible.

El día 24 de mayo (otra vez tú en mi vida) se pondrá a la venta el nuevo Nokia 3310, el ave fénix que libera la casa sueca. Con cuatro colores a elegir, como antaño. Y con el reclamo infalible de ofrecer una autonomía de 22 horas de conversación y un mes en espera (sin tener que acordarse del cargador). Que no me extrañaría que éste fuera tan duradero y polivalente como los que acompañaban al 3310 primigenio…

Querida casa Nokia. Gracias. Por lo de entonces y por lo de ahora. Ahí tiene usted la puerta grande esperando su llegada.

Querido Nokia 3310, a mis brazos, te he echado de menos.

 

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